Hay momentos claves mientras se hacen periódicos, pero ese instante, las tres de la madrugada, cuando ya está a punto el periódico de encontrarse con la realidad, cuando el esfuerzo de una jornada completa se convierte ya en el papel que la gente tendrá luego entre las manos, en los bares del amanecer, en las plazas, en los mercados, en las escuelas, en las universidades, en los barrios, en las ciudades y en las calles, ese es el momento más feliz de los diarios, el instante en el que el periódico halla su significación más radical, la razón de su nacimiento, está a punto de salir, ya es el periódico del día. En ese instante preciso apareció la Eta con su repugnante metralla para tratar de silenciar el Correo. Sin avisar, como se hacen las traiciones, ese gesto cobarde trata de intimidar a los que hacen un periódico, eligen el momento, lanzan su bomba y se escapan, a descansar de su sudor indecente, el sudor húmedo, viscoso, encerrado, del terrorismo. El periódico salió a la calle, seguirá saliendo; es el aire que hace falta para que la vida se siga contando.
Publicado hoy en el blog de Juan Cruz